miércoles, 31 de diciembre de 2014

SINCERAMENTE AGRADECIDO, SERENAMENTE PREOCUPADO.

Para los cristianos cada año tiene una marca indeleble de nuestro Señor. Está tan presente, y a la vez tan escondida, que apenas reparamos en ello. El dígito del año en cuestión nos remite a la encarnación del Hijo de Dios, al momento de su nacimiento. Y desde entonces, lo temporal ha sido asumido y abrazado por lo eterno, de tal modo que podemos vivir cada instante en plenitud uniéndolo al Señor del tiempo y la eternidad. Por eso celebramos un nuevo año y agradecemos el que termina: porque han sido -y serán- regalos de Dios para llevarnos a Él.



El 2014 ha rebosado de Sus dones. La pena es que vivimos tan rápido que con dificultad asimilamos suficientemente lo que nos concede. En mi caso hay una doble circunstancia que acentúa este limitación: soy sacerdote y soy primario. El primer elemento implica que cada semana, cada jornada, está llena de las huellas de Dios, plasmadas en una sencilla y hermosa Eucaristía, en una sincera confesión, en una reconciliación familiar, en una conversación esperanzadora, en una conversión, en muestras constantes de fe, esperanza y amor… Lo de ser primario implica que vivo el momento con gran intensidad, pero que me cuesta que las experiencias dejen su huella en mí. Vamos, que de vez en cuando repaso mi Facebook y digo: “anda, es verdad, si me pasó esto que fue estupendo…” Y con otras muchas realidades, más profundas y valiosas, que uno no comparte en Redes Sociales, también me sucede. Espero que en el Cielo tengan un archivo con todas ellas, porque me encantará revivirlas, si Dios tiene a bien acogerme en su Reino.



Con todo esto, 2014 ha sido el año en el que he recibido Ejercicios Espirituales de mes, a imagen de la experiencia original que ideó san Ignacio de Loyola. Un regalazo de Dios. Ha sido el año de comenzar mi colaboración en el micro espacio de Radio Nacional “Alborada” para dar los buenos días a España desde el Cerro de los Ángeles una semana al mes. Junto a ello, he continuado la labor de difundir tanto bien que siembra el Señor por medio de los espacios religiosos de Cope y mi querido “Rompiendo Moldes” de mi querida Radio María. Es periodismo, es comunicación, pero es mucho más: es comunión, es alegría, es evangelización… es estupendo (espero que los oyentes piensen lo mismo…)




2014 ha sido el año del iCongreso de iMisión. Aquí la cosa es ponerle “i” a todo ; ) En realidad no es la “i” lo que hace muy hermoso este proyecto, sino que es el Señor encarnado en su Iglesia, que es Su Cuerpo, Su Esposa, su Presencia en medio del mundo. iMisión es otro regalo. Es el deseo de Dios de vivir en los hombres y darles vida lo que nos hace -primero- acoger el don y -después- compartirlo; en nuestro caso en este espacio vital que se llama internet, y que cada vez es más vital y más espacioso. Pues allí hemos querido plantar la semilla, compartir el Evangelio, y resulta que había mucha gente deseando hacerlo, y nos hemos lanzado. Recientemente hasta nos han dicho “¡Bravo!” desde la Conferencia Episcopal, y hemos tenido nuestros minutos de gloria (en realidad horas) en Twitter, con un hermoso Trending Topic a favor de nuestros hermanos cristianos perseguidos y desplazados en Irak.  








2014 ha sido el primer año completo en la Parroquia de Ciempozuelos. Y ha habido muchas cosas, cito algunas: El Centenario de la muerte de san Benito Menni -Hno de san Juan de Dios-, cuya biografía he leído este verano, y estoy esperando que hagan la película de este gigante de la caridad. El 150 aniversario del inicio de la obra en favor de las mujeres en prostitución llevada a cabo por las Oblatas del Santísimo Redentor, fundadas también en Ciempozuelos, al igual que las Hospitalarias del Sagrado Corazón, hijas espirituales de Menni. La llegada desde Argentina de las religiosas Mater Dei para habitar el antiguo convento de las Clarisas. Han llegado seis religiosas pero parecen sesenta… En realidad hablar de la pastoral en la Parroquia de Ciempozuelos me llevaría mucho, hablar de la entrega de sus sacerdotes, de la generosidad y entrega de sus catequistas, voluntarios, visitadores… el testimonio de sus hermandades, la fuerza de las comunidades neocatecumenales, la fe de los enfermos que visitamos, y la conformidad de los ancianos que visitamos en las residencias; la esperanza de las familias que viven el Evangelio, y la alegría de los tantísimos niños y adolescentes que acuden a nuestras catequesis… fecúndalo todo Señor.



2014 ha sido el año de casar a buenos amigos, de bautizar a hijos de buenos amigos, de retomar el contacto con viejos amigos, de luchar por querer más y mejor -aunque sea en la distancia- a los Grandes Amigos, aunque no siempre sabe uno… Dar la bienvenida a este mundo a Juan ha sido una doble alegría: la común por todos los niños, y la que implican las extraordinarias circunstancias en las que ha logrado llegar hasta aquí. Vamos, lo que llamamos milagros, o casi. Gabi, Jorge Jr, Mauro, Rocío, Delia, Leonor… bienvenidos. Cuánto bien nos hacéis!






2014 ha sido el año de la foto de la chica del Atleti rezando, por el que nos hicimos medio famosos los dos; bendita anécdota por la que he conocido ha una chica fenomenal, y ella un poco más a nuestro Señor. Ha sido el año de acompañar a una Ovejilla excepcional, que le falta mirarse como le mira el Pastor. Ha sido el tiempo de ver ordenar diáconos y sacerdotes a jóvenes muy valiosos y muy queridos. Miguel, Edu, Teo, Josema, Tin, Merino, Dani, Joe, Andrés y Carlos. ¡Qué grandes! Qué bien que el Señor sigue dando obreros a su mies. ¡Ojalá sean muchos y santos! Ha sido el momento de ver llegar a mi abuela a los 90, y celebrar tantos años, tanta vida, y tanto amor. Ha sido también la ocasión de ser por vez primera padrino de Confirmación, con la alegría y responsabilidad que ello conlleva… y que espero sea para bien de Sonia.




Por último, ha sido el año de decir adiós -es decir, de poner en manos de nuestro Creador- a personas muy valiosas. La última, la más reciente, Cristina Altieri. Una mujer de una alegría y una fuerza arrebatadora, a la que Dios ha ido atrayendo hacia sí, y haciéndola semejante a Él por el amor. Conforme crecía en fe el cáncer la iba debilitando. Venció la fe, aunque no perdió el cáncer. En Cristo ponemos nuestra mirada y a Cristina, y a su esposo hijos y amigos. En Cristo nos ponemos todos.



Si alguno ha llegado pacientemente hasta este punto del texto, sabrá por qué se titula “sinceramente agradecido”. Sobran motivos para dar gracias a Dios, y a tantas personas, por este año 2014, y eso que estoy seguro de que me he dejado un montón de cosas en el tintero. Por tanto, por todo, gracias Señor. 

Los motivos de mi “serena preocupación” los tengo que dejar para otro momento, pues la cena de Nochevieja espera. Los 108.690 abortos legales en España en el 2013 -recientemente publicados- son otros tantos motivos de indignación y tristeza. Pero no son los únicos. La indiferencia de tanta gente ante este tema -¡TANTA GENTE BUENA!- hiere el corazón. También el silencio o la pasividad ante la persecución -por no decir exterminio- de cristianos en Siria, Irak, Nigeria, China, Korea… allí donde la ideología marxista-atea o el islamismo radical imponen su ley. Pero también me preocupan -¿más que los “Podemos”?- los “prosistema” idólatras del mercado que envenenan con la ideología de género -y todo lo que conlleva- mentes y corazones de niños, jóvenes y adultos por medio de leyes y “circo”, que se puede traducir en “sálvames” y decenas de formatos clónicos. Vivir en este ambiente de cultura superflua e individualista no nos va a salir gratis. Ya estamos viendo su coste en la familia, en la nación o en la educación, pero la factura no ha terminado...  



Sin embargo, lo que me preocupa de verdad es la respuesta auténtica que pueda dar la Iglesia a este mundo que se rompe y que rompe a la persona. Y que no es automática, sino que depende de la libertad, verdad, fe y entrega valiente con la que los cristianos respondamos a las circunstancias presentes, que son de traca. Ojalá estemos a la altura. 




El que ha estado a la altura -“ayer, hoy y siempre”- es Jesucristo, Rey del tiempo y la eternidad. Por eso mi preocupación -a pesar de todo- es serena. A Él le damos la gloria en el 2014, en el 15, y por los siglos de los siglos. 

Amén.


Santo y feliz 2015, Año de la Redención.    


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