lunes, 15 de agosto de 2022

Y SOPLÓ EL ESPÍRITU

Aprovechando unos días de descanso, me he parado a considerar ante el Santísimo las gracias que el Señor ha derramado en mi vida en este curso (2021-22), y han sido muchas, seguramente muchas más de las que soy consciente. Y para que consten, y para que se fijen más en mi alma, y para que otros den gracias a Dios por su amor, he decidido plasmarlas en estas líneas. Y pensando en cómo titular este escrito, me ha venido a la mente que se ha tratado de un paso del Espíritu Santo, quizá más fuerte que en otros momentos, y de ahí lo del soplo, soplo del Espíritu. 




En este resumen-balance del curso 2021-22 lo primero que viene a la mente y el corazón es un inmenso “¡Gracias!”. Dios nos acompaña, nos cuida, nos quiere. Se manifiesta en mil detalles y en mil personas. Permitidme, en esta clave, destacar algunas de esas presencias con sabor a salvación que nos ha regalado. 



En este curso han sido cuatro las jóvenes de la parroquia que han dado un paso adelante en su camino vocacional hacia la vida consagrada. Nunca en mi vida como sacerdote se había dado en esta proporción. Dos jóvenes a la vida contemplativa, de clausura. ¡Qué misterio que Dios llame a sí a jóvenes vidas para desposarlas, y para hacerlas vida para otros! Las dos más jóvenes han decidido el carisma mixto de contemplar y compartir lo contemplado en el Instituto Mater Dei. ¡Cuánto bien he recibido de la vida religiosa femenina, y cuánto sigo recibiendo! A este respecto, debo destacar a la Hna María de la Cruz, con la que durante siete años he compartido apostolado y amistad y mucha presencia de Dios. En este curso ha sido destinada a su Argentina natal. Que (nos) siga ayudando en su tierra a tantos como ha ayudado en la nuestra, que hemos sido muchos. 













Otro soplo fuerte del Espíritu ha sido conocer el Proyecto Amor Conyugal (PAC); a José Luis y Magüi -sus iniciadores-; a Carlos y Ana, sus estrechos colaboradores. Este itinerario de encuentros pensado para los matrimonios, para que vivan su vocación al amor tal como Dios la pensó, es un verdadero regalo. Pude participar en uno de sus retiros, y flipé : ) Qué hermosura, qué bien pensado, qué renovador, qué profundo, qué salao, qué bomba, qué revolución… Todo esto pensé y sigo pensando. A lo largo de estos meses más de una decena de matrimonios han disfrutado de los retiros y de las catequesis PAC. Si Dios quiere, en 2022-23, queremos que sean muchos más los que reciban este regalo, esta caricia de Dios, este soplo del Espíritu.






Renovador ha sido también el nacimiento del grupo Juveniles Acutis Pro. Una quincena de chavales entre los 15 y los 18 años que quieren vivir con frescura y profundidad su amistad con Cristo, en la Iglesia, con Carlo Acutis como referente. Un auténtico regalo, una maravilla de chavales. Ya han ido algunos como premonitores de campamento, participan en el coro parroquial, se encargaron de las alfombras en la fiesta del Corpus, han peregrinado recientemente a Fátima, y en el futuro seguirán tomando riendas. Prometen. 








Otro fruto del Espíritu ha sido la pequeña semilla de Cursillos de Cristiandad que ha sido plantada en Ciempozuelos. Una decena de adultos, después de tener un encuentro renovador con el Señor y su Iglesia por medio de un cursillo de cristiandad, han decidido continuar profundizando en su experiencia cristiana de la mano de este movimiento. Cuidaremos la semilla para que crezca y siga dando frutos. 




Y con un soplo parecido del Espíritu han llegado a la Parroquia los retiros de Emaús y Effetá, verdaderas ráfagas. De momento los pocos hermanos que han participado en ellos han regresado con mucho brío, con mucha fuerza. Queremos cuidar y acompañar todo lo que existe en la Parroquia, y acoger e impulsar todo lo que revitalice y renueve la vida cristiana, y estos instrumentos lo hacen, no cabe duda. Veremos cómo sigue la siembra. 




De modo más discreto han estado presentes a lo largo del curso las adoraciones mensuales al Santísimo acompañadas por el grupo de matrimonios Juan Pablo II. Esta semilla nació a raíz del visionado de la película documental “Vivo” (muy recomendable!), que nos lanzó a exponer a Cristo Eucaristía en Hora Santa al menos una vez al mes. Ha sido precioso. Ponernos ante el Señor siempre da fruto. Ojalá esta senda eucarística se ahonde y extienda. 




En primavera tuvimos dos hitos importantes en el camino. Antes de Semana Santa la parroquia se lanzó a realizar un gesto público de manifestación de la fe: un viacrucis extraordinario y una misión parroquial, todo al hilo del Año de la Sinodalidad. El viernes 1 de abril las calles del pueblo acogieron el rezo de las catorce estaciones preparadas por todas las distintos grupos y realidades eclesiales de Ciempozuelos. Además contamos con la presencia de hermanos ucranianos con los que rezamos por la paz y el fin de toda guerra. El sábado y el domingo se sucedieron diversos momentos de anuncio de la fe y de invitación a participar en las cercanas fiestas de Semana Santa: en los oficios, las procesiones, el sacramento de la reconciliación. ¡Ah! y los seminaristas representaron en el centro San Juan de Dios la obra del “Divino impaciente” de Pemán. Una preciosidad. Fue un intenso fin de semana. 












El otro hito primaveral fue la celebración de las bodas de plata sacerdotales de nuestro párroco, D. Israel Guijarro. Fue muy bonito ver la fidelidad de Dios en su ministro, y el afecto y agradecimiento del pueblo de Dios para con aquel que les hace presente el sacerdocio de Cristo. Que por 25 años más de entrega y fidelidad!  




Junto a todo ello ha habido encuentros puntuales muy gozosos y profundos. En diciembre pasó por Ciempozuelos la Comunidad Cenáculo, con su ráfaga del Espíritu: espíritu de conversión y de vida nueva; de libertad ante las cadenas modernas, y de centralidad de la fe en Cristo y su poder sanador. 



También en diciembre visitaron la parroquia el coro voces para la convivencia y la coral Santiago Apóstol. Un regalo que pudiéramos escuchar cantos de Navidad de voces tan cuidadas. Junto al regreso de Natívitas -el festival navideño parroquial-, supusieron una preciosa preparación para las fiestas del nacimiento de Jesús. 






Para terminar el curso la providencia nos puso en el camino de Gregoire, un laico africano que lleva cuarto de siglo ayudando a las personas con enfermedad mental a salir del estigma que les han asignado. En realidad no nos cruzamos con él, sino con unos hermanos que desde España hacen todo lo posible por colaborar con Gregoire y sus enfermos. En concreto, llevaron a cabo en Ciempozuelos la representación benéfica de una obra de teatro para obtener recursos y enviarlos a África. También estuvimos ahí.





El verano ha traído consigo un precioso campamento parroquial en la sierra de Gredos, la sexta edición de “Montañas de Misericordia”. También dos peregrinaciones con juveniles y jóvenes a Fátima y Lourdes, pasando también por importantes lugares martiriales como Barbastro o el monasterio de El Pueyo. Una preciosa boda y hasta alguna primera comunión muy especial. En fin, muchos regalos.










En el ámbito personal también ha habido momentos muy especiales, como la Comunión de mi ahijado Luis Marie, la entrada en la Iglesia católica de la joven Sara, el bautizo de Carmencita y de María (un milagrito), cargar por primera vez en mi vida con el paso de la Virgen, y más recientemente la vocación de a Salesa de la joven Mónica. Y en otro orden de cosas, he recuperado varias veces mi bici -después de haberla perdido otras cuantas- y el Madrid ha ganado casi todo esta temporada, que en algún lugar había que ponerlo : ) [AH! y el grupo de deportistas que se ha montado] 













Gracias Señor por tus delicadezas y tus misericordias. Hay mucho más que agradecer, pero no todo se puede compartir. Sigue enviándonos tu Espíritu, que el mundo lo necesita. Que todos te conozcan y te amen y se salven. Amén.  



PD. Rumbo a la JMJ de Lisboa : )

martes, 17 de mayo de 2022

EL ERROR DE LAS ETIQUETAS, TAMBIÉN LAS LGTBIQ+


Las etiquetas se ponen a las cosas, o a las realidades que cosificamos. Las identifican desde fuera, para facilitar la comprensión de lo que hay dentro. Son útiles para el consumo, y también para el estudio: nos ayudan a clasificar corrientes y autores, y así recordamos mejor quiénes eran los filósofos racionalistas y los idealistas, y antes de ellos los presocráticos, los platónicos, los tomistas y otros más. Pero para lo que no sirven las etiquetas es para las personas en su condición individual, en lo que son como seres únicos e irrepetibles. 


En el ámbito civil se ha extendido en las últimas décadas con mucha fuerza la etiqueta LGTB, que después ha ido añadiendo siglas hasta ser LGTBIQ+ (puede que se hayan añadido más y no esté a la última). La propuesta ha sido identificar a las personas en función de su atracción o su autopercepción sexual, haciendo sustantivo lo que es adjetivo. De ahí se ha hecho frecuente identificar o referirse a personas -incluidas ellas mismas- como “es gay”, “es trans” o “es bi”, siendo muy excepcional -por no decir inexistente- la referencia a una persona como “es heterosexual”. Todo ello en el arco de poco más de dos décadas.




En el ámbito eclesial, el deseo compartido de acoger a toda persona en su seno con independencia de sus rasgos propios (raza, sexo) o sus opciones (religión, ideología) ha llevado en los últimos años a una confusión: para acoger se ha asumido la mirada ideológica del asumido. El ejemplo más conocido es el del P. James Martin, sacerdote jesuita estadounidense de gran influencia en su país. A raíz del atentado en Florida contra un local de ambiente gay, el jesuita tomó la decisión -no me cabe duda de que bien intencionada- de tender puentes con la comunidad lgtbi (sic). Su primer paso es el de denominarles tal como quieren ser denominados: lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, intersexuales, queer, asexuales, género fluido, etc etc. Según la BBC hay más de 100 géneros, de ahí el uso del signo “+” al final para referir una categorización casi interminable. 


A mi parecer Martin comete dos errores con este posicionamiento: asumir la antropología de género, esa mirada sobre al persona que considera el dato biológico irrelevante, dado que la voluntad personal puede decidir sobre la identidad personal con independencia de aquella. La Comunidad de Madrid en una de sus leyes sobre la cuestión LGTBI afirma que todo ciudadano tiene derecho a definir su identidad. Da igual qué cuerpo tienes, tu voluntad es soberana. 


El segundo error del P. James al usar las categorías mencionadas consiste en reforzar a las personas que se consideran LGTBIQ+ en su idea de que esa condición es lo que les define, en vez de ayudarlas a descubrir su identidad profunda, mucho más radical -es decir, de raíz- que las etiquetas impuestas o autoimpuestas. 


Hace unos años hablaba con un joven y me comentaba sus dificultades en el ámbito de los afectos y las atracciones. Me decía que le gustaban los chicos, pero a veces también las chicas. A veces mucho, a veces poco, a veces más, a veces menos… Y me decía que no sabía bien qué era. Fácilmente descubrí que estaba intentando encajar en alguna de las siglas de moda: o era G, o era B, o a lo mejor era otra cosa que estaba por inventar… Después de escucharle le dije: amigo, está muy claro lo que eres: eres hijo amado de Dios. Eso no te lo has dado tú, pero tampoco te lo puedes quitar. Y eso no depende de tus sentimientos o emociones, permanece siempre. Hemos recibido el ser, la vida, lo hemos hecho como hombres o mujeres, somos criaturas amadas, alégrate. Después habrá que ver porqué experimentas esas atracciones, porqué son ambivalentes, qué significan y cómo vivirlas”. Y en eso seguimos. 


Quiera Dios que descubramos de verdad quiénes somos, y desde ahí acompañarnos unos a otros en el apasionante camino de la vida, sin confundirnos ni engañarnos con etiquetas, por muy de moda que estén, pero que no son lo mejor para conocer y acoger a las personas. 

jueves, 25 de febrero de 2021

Transexualidad: confusión y verdad

Hablar de un tema así hoy en día es un deporte de riesgo. Lo asumimos con el deseo de aportar luz a un tema complejo y controvertido. Lo hago desde el respeto a toda persona; no alimenta este texto ningún sentimiento de rechazo, odio o miedo, ninguna fobia, por usar términos en boga. Vayamos al asunto. 


El número de la revista católica Vida Nueva de finales de febrero de 2021 -nº 3.212- ha afrontado el tema en cuestión. Le ha dedicado, además de la portada que aparece más abajo y de un editorial, una entrevista extensa, un reportaje y un artículo de opinión, esto bajo la sección "A fondo". Hay que reconocerle a la publicación una intención benévola: quiere mostrar la acogida de la Iglesia a toda persona. El problema es la confusión que se genera cuando se expresa la acogida como la aprobación de cualquier tipo de conducta o planteamiento. Jesucristo, no cabe duda, acogió a todos, pero no todo lo aprobó. Basta con una lectura al Evangelio para comprobarlo. 



A mi modo de ver, el problema más grave de lo presentado en estos textos es el siguiente: en ningún momento se plantea la cuestión de la verdad; es decir, no se dedica ninguna línea -y eso que es una sección "A fondo"- a preguntarse qué es la transexualidad, en qué consiste este fenómeno, cómo surge, qué base biológica, genética, fisiológica o psicológica hay debajo de este asunto. No hay ninguna mención al hecho de que -a día de hoy- la cuestión de la transexualidad está considerada desde el punto de vista médico como un trastorno denominado disforia de género, que consiste en la disconformidad o no identificación de la persona con su sexo biológico, base de todo lo demás. 

Porque ya sabemos que existen personas que experimentan esa falta de identificación, pero la revista da por hecho que la autopercepción del sujeto es el último criterio para decidir cómo resolver la situación. Como no hay planteamiento sobre la verdad, tampoco tiene sentido plantear el discernimiento, preguntarse por qué sucede ese conflicto de identidad, de dónde procede, si hay una base objetiva que lo provoque -y entonces habrá que tomar las medidas necesarias para deshacer la ambigüedad de sexo-, o si es una cuestión de otra índole. Esto es muy grave por la confusión que genera. 

Además de obviar la cuestión de la verdad del fenómeno "trans" -ni siquiera se pregunta por ello- ignora por completo las enseñanzas que el magisterio ha ofrecido al mundo a este respecto. Ni una mención a la teología del cuerpo de san Juan Pablo II, que con tanta belleza y profundidad expone el valor y significado del cuerpo. Del Papa Francisco sí se habla en las entrevistas y reportajes, pero sin citar nada del Pontífice. Para llenar esa laguna, copiamos a continuación dos citas del Papa que son absolutamente elocuentes al respecto:

Encíclica Laudato sii nº 155.

“La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma»”


Exhortación “Amoris laetitia” nº 56.

“Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo»[45]. Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños. No hay que ignorar que «el sexo biológico (sex) y el papel sociocultural del sexo (gender), se pueden distinguir pero no separar»[46] (...) Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada.”   

"La aceptación del propio cuerpo..." "Lo creado nos precede y debe ser recibido como don..." Nada que añadir a las palabras del Papa. 

El reportaje asume el planteamiento de la ideología de género. Esto es especialmente evidente en el artículo de la teóloga que utiliza el lenguaje inclusivo: "chicos, chicas y chiques" y que cita la Escritura, olvidando por completo el relato de la creación en el Génesis con su clarificador "hombre y mujer los creó". La perspectiva de género incluye una antropología dualista que le es propia: el ser humano es espíritu -libertad, razón y voluntad-, y luego tiene un cuerpo, que puede modelar a su antojo conforme a su libre elección, como si fuera plastelina. Y esto es falso. Cada célula humana lleva inscrita en sí su condición masculina o femenina, sus cromosomas "XX" en el caso de la mujer o "XY" en el caso del hombre. Ya sabemos que existen casos excepcionales de personas con una configuración genética, cromosómica o anatómica ambigua o anómala, que tienen cromosomas "XXY" u otras modalidades especiales. Pero en la revista no se habla de esto, sino sólo de la voluntad de las personas para decidir su identidad. De nuevo, confusión.

Por supuesto, en ningún momento se pregunta la publicación por la cuestión de la medicación que las personas que se someten a cambios de sexo deben asumir a lo largo de su vida (es preciso bloquear las hormonas propias de su sexo biológico, y recibir las que no le son propias: las del sexo que han querido adquirir) o los problemas éticos que suponen las intervenciones quirúrgicas en las que se amputan miembros sanos. De esto no se dice nada, porque contradice el planteamiento de partida. Una pena.  

En este trabajo a fondo tampoco hay espacio para el testimonio de personas que se han sometido a cambios de sexo y que después han comprobado el error de esa opción. Dejo a continuación un enlace de esta realidad como botón de muestra: 



Conclusión

El hecho de no buscar la verdad provoca -en este asunto y en otros- una enorme confusión. Quien lea esas páginas fácilmente sacará la conclusión de que la única respuesta cristiana ante el fenómeno de la transexualidad es una acogida de la persona y de su opción sin ningún cuestionamiento, y que cualquiera que presente dudas u objeciones sobre estos planteamientos está siendo excluyente, cuando no "fobo" en alguna de sus versiones. Y esto está muy lejos de la verdad. Ya que sólo la verdad nos hace libres, la verdad que actúa en la caridad, y la caridad de la verdad, busquémoslas y acojámoslas juntas, tal como nos las ofrece la enseñanza de la Iglesia, basada en la Revelación y en el propio dato biológico. El ser, y la identidad, no la DECIDIMOS, sino que la RECIBIMOS. Cada uno de nosotros somos infinitamente amados por Dios. Muchas veces en las confusiones de género se da una falta en la percepción de este amor del que somos objeto, o una ausencia del mismo en el ámbito de la familia. La solución no está en animar a un cambio "a ver si así me quieren o me acepto", sino en ayudar a reconocerse amado tal como uno es, sin necesidad de someterse a operaciones o depender de fármacos que me concedan una apariencia. Y en eso estamos, mientras nos dejen. 

Lo demás será pura confusión.

miércoles, 20 de enero de 2021

La Fe o la Nada

En el día de hoy, 20 de enero de 2021, a medio día, una gran explosión se ha producido en el céntrico barrio madrileño de La Latina, a pocos metros de la Puerta de Toledo. Un desgraciado accidente: la explosión de la caldera ha reventado un edificio de varias plantas y ha segado la vida de varias personas -tres confirmadas en este momento, y un joven sacerdote que se debate entre la vida y la muerte-. Entre los fallecidos está David, un joven electricista de treinta y cuatro años, casado con su joven y bella mujer, con la que ha tenido cuatro hijos que no superan los diez años de edad. Tremendo. 

Al parecer el joven sacerdote -Rubén Pérez, que hoy ha cumplido 6 meses como presbítero- había pedido a su amigo David -profesional del mantenimiento- que le echase una mano con la caldera, cuyo buen funcionamiento en estos días de intenso frío en Madrid es imprescindible. En el edificio están las casas de dos sacerdotes, las salas de catequesis de la Parroquia Virgen de la Paloma, y el despacho de Cáritas. Por motivos desconocidos, se ha producido la fuga del gas y la deflagración. Las imágenes del edificio hablan por sí solas  





Este acontecimiento puede provocar en nosotros otra explosión. Cómo es posible que si existe un Dios, un Dios de bondad y de amor como predican los cristianos -como ha predicado el P. Rubén estos meses- pueda permitir que dos jóvenes estupendos que sólo estaban haciendo el bien mueran prematuramente? (Rubén está luchando 🙏)  (Actualización 21-1-21: Rubén ha fallecido. Descanse en Paz)

No pretendo escribir aquí un sesudo artículo de apologética (defensa de la fe) o un ejercicio de teodicea (justificación de Dios) Sólo quiero compartir una luz sencilla que esta tarde venía a mí con fuerza mientras rezaba por estos hermanos, y que formulo tal como he titulado el artículo: la Fe o la Nada.


Ambas con mayúsculas. Ante un hecho así, sólo veo dos opciones fundamentales: o la Fe en un Dios que ha asumido la condición humana, con todas sus limitaciones, que ha pasado por la pobreza, la persecución, la indiferencia, la injusticia, la traición, la tortura y la muerte -“y muerte en Cruz”- y la ha vencido resucitando y ofreciendo su victoria a todo el que quiera acogerla, transformando la desgracia en gracia; o la Nada más absoluta, el sinsentido de vivir bajo el azar, sin saber de dónde vengo ni a dónde voy, sin entender porqué tengo deseos de plenitud y la vida se empeña en gritarme que soy limitado y lo seré siempre, que la injusticia en esta vida triunfa (cuántos inocentes han sufrido en la Historia y han muerto aparentemente bajo ese signo de derrota) y que no hay nada que hacer salvo tener suerte, esquivar el mal destino y poder disfrutar unos años (70, 80...) y después desaparecer (y que desaparezcan los que quieres, que creo que es aún más cruel). 



Yo sé -por la certeza que da pertenecer a un mismo cuerpo, a una misma familia, a la Iglesia- cuál es la respuesta de David, y de Rubén, a este dilema. Y además estoy plenamente seguro en Fe que esa Victoria ya les abraza, como pido que abrace a sus familiares y amigos. Y que, entre lágrimas -que también lloró Jesús ante la muerte de su amigo Lázaro-, entonen el Aleluya y el Resucitó. 

“Llegará un momento en que sabremos el sentido de todo. Nos reuniremos. Cultivaremos huertos. Reconstruiremos la tierra.” Son las últimas palabras de Fanny, la mujer de Franz Jagerstatter, en el film “Una vida oculta”. Son también las mías. Allí nos reuniremos, gracias a la Fe que vence a la nada. 

sábado, 17 de agosto de 2019

LA MÁS HERMOSA JUVENTUD DE ESTE MUNDO

Con estas palabras define el Papa Francisco a nuestro Señor Jesucristo en la última carta que ha regalado a los jóvenes y a toda la Iglesia, y que empieza así: “Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo”. Bellísimas palabras las de "Christus vivit".



Salvando las debidas distancias, debo decir que he compartido este mes de julio de 2019 con un reflejo de ese rostro siempre bello y siempre joven de Jesús: los jóvenes de mi parroquia de Ciempozuelos. Y uno, que siempre ha tenido espíritu joven, se ha visto renovado por la eterna juventud de Cristo, y la alegre juventud de los acampados y peregrinos con los que he compartido estas últimas semanas. He vuelto a reír, rezar y gozar con intensidad, a pleno pulmón y corazón. Un nuevo regalo, uno más, de la grandeza de Dios. 

Gavilanes

Después de la histórica renovación de la consagración de España al Corazón de Jesús, que tuvo lugar en el Cerro de los Ángeles el 30 de junio, nos aguardaba el campamento. El 8 de julio nos desplazamos hasta el municipio abulense de Gavilanes, donde hasta el 15 de julio vivimos un intenso campamento parroquial. En cifras, fue lo siguiente: 62 acampados -26 adolescentes y 36 infantes-, 15 monitores 3 cocineros, 2 jefes, 2 sacerdotes y una religiosa. Un equipazo. 




Quisimos que la convivencia arrancase precisamente a los pies del Corazón de Jesús, ganando la indulgencia plenaria que el Papa ha concedido a la Diócesis de Getafe en este año del Centenario. Después pusimos rumbo a la sierra de Gredos, al hermoso paraje del Labradero, que nos esperaba con los brazos abiertos y el verde refrescante de sus praderas. Allí pasamos ocho días entre juegos, oraciones, piscina, celebraciones, gymkhanas y deportes. La Eucaristía diaria fue el pulmón gracias al cual pudimos disfrutar de una hermosa convivencia. El lema del campamento era una promesa: “Os daré un corazón nuevo”, las palabras que quiso Dios dirigir a su pueblo por medio del profeta Ezequiel. No se trata de un corazón cualquiera, sino de uno que ama a todos, siempre y del todo; un corazón paciente, amable y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; un corazón que comprende, que espera, que aguarda… Buscamos que Dios nos diera el Corazón de su Hijo (¡Nos lo ha prometido!) y lo fuimos recibiendo a golpe de meditación, en cada Comunión, en la entrega del equipo responsable, en el cuidado de los cocineros, en las adoraciones, y en la belleza imponente de Su Creación. Sin duda, un inmenso regalo. 








Peregrinación

Pocos días después de terminar el intenso y agotador campamento, una veintena de jóvenes de la Parroquia pusimos rumbo a una peregrinación itinerante, que nos llevaría por varios santuarios, con el deseo de acoger en nuestras vidas esa santidad a la que Dios nos llama.





Fiados en la Providencia nos dirigimos en primer lugar a la Basílica del Pilar, en Zaragoza. En este majestuoso templo se venera la columna que la Virgen María entregó al Apóstol Santiago en los albores de la evangelización de España. Nosotros, que queremos llevar adelante la nueva evangelización, intuimos que sólo puede llevarse a cabo sostenidos por María, y en comunión con los apóstoles y sus sucesores, es decir, siendo fieles hijos de la Iglesia. Sabemos que entonces nuestra fe será a prueba de bombas, como lo ha sido la basílica del Pilar, que muestra a los peregrinos los proyectiles que cayeron durante la guerra civil y que no explotaron de modo milagroso. Para nosotros el Pilar tenía otro significado importante: la patrona de la Hispanidad -ese precioso hermanamiento de las naciones de lengua y cultura hispana- tenía mucho que decir a un grupo formado por jóvenes procedentes de España, Argentina, Colombia, Ecuador, Chile y Venezuela. Gracias España por habernos hermanado con América, y habernos hermanado con el signo de la fe. 




El monte Tibidabo de Barcelona fue nuestro siguiente destino. En lo alto de este monte se contempla una impresionante vista de la ciudad condal. Y en lo alto de lo más alto se encuentra una imagen del Corazón de Jesús que abraza todo lo que le rodea. Nos abrazaron también dos salesianos: uno joven, mi amigo Manu Rupérez, recién destinado a su nueva misión; y uno mayor, Antonio, que nos explicó la historia del Tibidabo con la ilusión y el fervor de un joven enamorado. Antonio ha sido misionero 60 años en África, pero una progresiva ceguera le ha confinado a este santo lugar que conoce muy bien, y en el que introduce a los visitantes consciente de que de lo que se trata es de enamorarse de Cristo. Y nos transmitió ese amor que late por su corazón experimentado.



Descendiendo el Tibidabo, rumbo al lugar del descanso, el GPS nos perdió y uno perdió también la calma y la paciencia… y eso que era el primer día. La residencia que nos acogió, con unas espléndidas vistas de la ciudad, sirvió de bálsamo. Una peregrina, emocionada por las vistas y las buenas instalaciones que nos acogían, me dijo: “Pues nos podíamos quedar aquí toda la semana…” Me sonreí porque sabía que el Señor tenía muchas cosas que regalarnos, que lo mejor estaba por venir ; ) siempre que siguiéramos adelante y Le buscáramos. Esa noche pasamos un rato muy agradable y divertido recordando las mejores anécdotas del campamento (que han sido muchas). Es curioso cómo un poco de suelo, un poco de brisa y un ambiente sano pueden llenar de risas y de alegría la vida. ¡Ay si descubriéramos lo fácil que es pasarlo en grande! Creo que una sana diversión es de las cosas más evangelizadoras que hay. 




El domingo nos aguardaba el templo expiatorio de la Sagrada Familia, la obra maestra del arquitecto y místico Antonio Gaudí, seglar que está camino de los altares. La exquisita hospitalidad catalana nos acompañó también en esta visita. En primer lugar participamos en la Misa internacional, presidida por el obispo de Oslo. “Noruega es una de las Iglesias más pequeñas de Europa, pero es una de las pocas que crece”, me dijo el prelado. Cantos en latín, castellano, catalán… lecturas y peticiones también en italiano, francés e inglés, y el lenguaje universal de la liturgia, y el más universal aún del arte, de las vidrieras, las columnas, la iconografía… Tras la Eucaristía tuvimos la visita guiada del Templo. Aún recuerdo con asombro la cantidad de simbología que porta la obra de Gaudí. Las 52 columnas interiores que soportan el peso de la nave, y que hablan de los 52 domingos anuales que sostienen la vida cristiana. Los símbolos episcopales en las columnas -mitra, anillo y pectoral- que hablan de la esponsalidad de la Iglesia desposada con Cristo pastor; La presencia abundante de la creación -infinidad de elementos del reino animal y vegetal, así como del reino celeste- en las fachadas, que cantan a su Creador. Le desbordante fachada de la Natividad, y la sobria e impactante fachada de la Pasión y Resurrección. En fin… mil guiños del genio de Gaudí para hablarnos de su Amado. Deseando estoy que concluyan las obras en 2026 para poder contemplarla en toda su hermosura. 




Nos despedimos de Barcelona con un sabor muy dulce, camino del santuario francés dedicado a san José y ubicado en el pequeño pueblo de Cotignac, en la Provenza. Seis horas de coche dan para conocerse más, para rezar juntos, cantar juntos, contar chistes malos…



El lunes 23 fue la fiesta de santa María Magdalena, patrona de nuestra parroquia. A unos 50 minutos de Cotignac se encuentra la basílica de san Maximín, donde se venera desde hace siglos los restos de santa María Magdalena. Una piadosa tradición, que arranca en el siglo IV -realmente muy antigua- asegura que Lázaro y su hermana María -consideran a María Magdalena la amiga de Jesús del hogar de Betania- llegaron al final de sus días a la costa francesa, entre Marsella y Niza. Allí vivieron, y allí encontró la Magdalena un lugar donde dedicarse a la oración y a la penitencia: la Santa Baume, una cueva excavada en la roca en mitad de una montaña. Desde el S. IV existe constancia de que esta gruta ha tenido culto cristiano, y ha sido visitada por insignes hombres de estado y de Iglesia, entre ellos el mismo Cassiano. Otras fuentes aseguran que los restos mortales de la Magdalena se encuentran en Roma, pero no me parecen incompatibles ambos datos. En la Antigüedad era frecuente que los restos de los santos se repartieran en varios lugares.




En todo caso, pudimos rezar ante la urna con restos de María Magdalena, y después celebrar la Eucaristía en la santa cueva en un espectacular mirador. El precio a pagar fue subir bajo el intenso calor del mediodía francés media montaña bastante empinada. Pero mereció la pena el esfuerzo y los sudores. Como les dije aquel día a los jóvenes, la penitencia, es decir, los gestos de sufrimiento por amor, son para mí un gran misterio y una gran verdad. No conozco nada más verdadero que el amor que llega hasta el sufrimiento por el amado: las renuncias de los padres por sus hijos, los sacrificios que implica el cuidado de un enfermo, las “locuras” que los amantes están dispuestos a hacer -y hacen- por el amado… La penitencia implica un amor así, y se manifiesta en muy distintas modalidades. Rumbo a la santa cueva -y en otros momentos de la peregrinación- tuvimos la oportunidad de abrazar el amor sacrificio.



La jornada concluyó con una divertida celebración de cumpleaños -una de las peregrinas cumplió los 2 patitos- organizada por la comunidad de religiosas Mater Dei de Cotignac. De nuevo, la alegría. Qué gusto pasarlo bien, reír y disfrutar sana y santamente. Qué divertido verlas “disfrazadas” y escucharlas cantar coplas improvisadas. Una fiesta de santa María Magdalena difícil de olvidar : )



También será fácil de recordar el día siguiente. El martes 23 fue el turno para empaparnos del santuario de san José, en Cotignac. Resulta que en 1660 tuvo lugar una aparición del casto esposo de María y padre adoptivo de Jesús. Se hizo presente a un pastor extenuado y sediento indicándole la existencia de un manantial -de donde sigue manando agua- tras una enorme piedra. El pastor hizo caso, movió la piedra y encontró la fuente. Todo sencillo, como sucede siempre en la vida de José. Pocas palabras, mucho consuelo. Para todos los peregrinos fue una ocasión de redescubrir la presencia siempre discreta de aquel que cuidó de los tesoros más grandes del universo: el Hijo de Dios y su santa Madre.  



La explicación del santuario vino de la mano de una joven religiosa argentina, la Hna Clara, del instituto Mater Dei. Divertida y risueña, a la par que muy profunda y muy centrada en su condición de esposa de Cristo. Al oírla hablar de aquel lugar pensé: “parece que Cotignac es como la conjunción de Roma, Jerusalén y Atenas”. La forma en la que la religiosa hablaba de su monasterio y de san José era propia de una enamorada. Y cuando manda el amor no importa demasiado dónde te destine el Señor, porque sea donde fuere, allí le encuentras, y entonces te enamoras del lugar porque allí está el Amado. En fin, bonito comprobar una vez más la fuerza luminosa de la vida consagrada. En esa disposición tuvimos tiempo de oración que concluyó con la santa Misa. Todo un lujo.



Por la tarde fue el momento de descubrir si la Costa Azul es tan azul como dicen. El pequeño pueblo de Sanary nos esperaba para darnos un baño y descubrir los pequeños tesoros que la Iglesia esconde aquí y allá. Tres pequeños barcos nos guiaron por el litoral y nos permitieron darnos un buen chapuzón. Creo que era la primera vez que me montaba en uno… Después nos esperaba la iglesia parroquial: un templo lleno de frescos con la historia de la salvación. ¡Qué pasada! Después visitamos un pequeño santuario de la misericordia, donde sendas reliquias de san Juan Pablo II y santa Faustina Kowalska nos invitaron a descansar en su intercesión. Y así lo hicimos, mientras cantábamos al amor del Señor. Tras el baño y la oración vino el momento pizza, de la mano del P. Rodrigo, que con tanta caridad nos acogió, y la Hna María Catalina de Jesucristo. De nuevo, la Iglesia.  





El miércoles 24 fue un día de itinerancia para recorrer los 600 kilómetros que separan Cotignac de Lourdes. En primer lugar, la Misa, para comenzar bien la jornada y despedirnos de san José. Después, un "hasta pronto" agradecido a la alegre comunidad argentina que nos acogió durante esos días. A continuación, rumbo a Carcassone, ciudadela medieval espléndidamente conservada que ha dado nombre a un exitoso juego de mesa. A la llegada buscábamos sitio para comer nuestros bocadillos, que ha sido buena parte de la dieta del peregrino. Una vez más la Provi nos cuidó regalándonos un césped en sombra, justo al lado de unos baños públicos y una fuente fresca. ¿Qué más se puede pedir? : ) En la ciudadela nos divertimos sumergiéndonos unos instantes en la Edad Media, que no debió ser tan oscura cuando ha dejado tantos restos de luz, por ejemplo, la hermosa basílica que visitamos con sus hermosos vitrales.




Otras tres horas largas de conducción nos llevaron -por fin- hasta Lourdes. La cena francesa nos recordó qué buena es la comida española… pero la posterior visita a la gruta de la Virgen dejó en segundo plano todos los demás detalles… ¡Qué Paz! ¡Qué silencio para poder orar junto a las corrientes del río Gave! A las 23.00 comenzó la Misa y nosotros nos retiramos, contentos de estar en la casa de María. 



El 25 celebrábamos la solemnidad de Santiago Apóstol, patrono de España, y lo hicimos recorriendo buena parte del santuario francés, lo que las altas temperaturas permitieron. La Misa en la capilla de santa Juana de Arco siguió a las laudes rezadas frente a la gruta. Tras la pausa del almuerzo vino un obligado paréntesis debido a los 40 grados que azotaban el santuario, aprovechado por más de uno para mojar sus pies en el río lourditano. A primera hora de la tarde nos unimos a la adoración eucarística por y con los enfermos en la amplísima basílica subterránea con capacidad para 50.000 fieles. Allí adoramos al Señor que se acerca a la debilidad para abrazarla y sanarla. Aprovechamos también para contemplar al centenar de santos que rodean la nave, que tiene forma precisamente de barca, y en la que ellos ocupan el lugar de los remeros. Potente imagen de lo que es la santidad para la Iglesia y la humanidad. 



En Cotignac contemplamos un hermoso testimonio de la alegría de la vida consagrada entregada y fiel. En Lourdes pudimos compartir unas horas la alegría de la vocación matrimonial expresada en unos esposos amigos y sus tres hijos. Veronique y César nos hablaron de la importancia de buscar la voluntad de Dios para poder encontrar el/la esposo/esposa con quien formar un proyecto de familia que aspira a la santidad. Sus hijos, que corretearon entre nosotros un par de días, nos trajeron la alegría imparable de la vida, esa que Dios regala a borbotones. En fin, gracia tras gracia. 




El Rosario de antorchas por la explanada del Santuario nos hizo descubrir -una vez más- la universalidad de la Iglesia, que reza al Padre por medio de María en infinidad de lenguas, incluidas las que te hacen sonreír por lo divertido de su sonoridad. La presencia de españoles en Lourdes se hizo sentir por medio de la Salve Rociera, con su ritmo y sus alegres palmas. Después del Rosario, la Hna María de la Cruz explicó a los peregrinos el sentido de recibir el Escapulario de la Virgen, que al día siguiente se impondría a aquellos que lo pidiesen. La oración personal frente a la gruta sirvió de final de aquel intenso y caluroso día.




El viernes 26 la Virgen nos esperaba en su gruta muy temprano: a las 7.30 comenzamos la celebración eucarística en castellano, concelebrada con la delegación de familia de Cuenca, y presidida por el neopresbítero Álvaro Piñero, mi compañero vicario en la Parroquia. La tranquilidad de la hora, el silencio del santuario y la sobriedad de la gruta nos ayudaron a mirar sólo a María. Y nos podríamos haber quedado así y allí todo el día. Pero había que dejar paso al siguiente turno de peregrinos… También a nosotros nos aguardaban más regalos. El primero, la visita a la comunidad masculina del Cenáculo, una impresionante obra de Dios que lleva tres décadas largas acogiendo y sanando las heridas que las adicciones dejan en los jóvenes. A 10 minutos del santuario se encuentra una casa de campo donde viven varias decenas de jóvenes de diversas partes del mundo, que se dedican al trabajo, la oración y la vida comunitaria, mientras Dios se dedica a restaurar sus vidas. Gonzalo y Emilio, dos jóvenes españoles de 25 y 20 años, nos recibieron y acogieron. Nos explicaron dónde estábamos, y después compartieron con nosotros sus historias… duras historias. Pero donde abundó el pecado sobreabundó la gracia, dice san Pablo, y estos jóvenes -que a la luz de su historia no deberían seguir vivos…- nos hablaron de un cambio radical en sus vidas, de una liberación respecto a las sustancias, y de una fe en Cristo que ahora les guiaba. Creo que fue de gran ayuda para todos los presentes, pero especialmente para los más jovencillos del grupo, que se mueven en ambientes donde las drogas se están normalizando. Ver los efectos devastadores de esa esclavitud es quizá el mejor antídoto. Confío en ello. 



Por la tarde nos esperaban “los pasos de Bernadette”, un itinerario que recorre los lugares en los que nació y creció la joven vidente de Lourdes, y que ayuda a comprender mejor todo lo sucedido en ese lugar tan especial. Tuvimos un guía excelente: el P. Álvaro, que hace años desempeñó esta labor como seminarista voluntario durante un par de veranos, y que ahora nos hacía de cicerone de excepción. Nos explicó en el Museo del santuario las 17 apariciones de la Virgen a Bernardita, los distintos mensajes, la petición de que los sacerdotes vinieran en procesión hasta ese lugar, y que se edificara una iglesia allí mismo; la llamada a rezar el Rosario, a hacer penitencia, a convertir el corazón a Dios… A continuación visitamos el molino donde creció la vidente, y la antigua cárcel convertida en hogar adonde la pobreza condujo a la familia de Bernadette, que decía de sí misma “si la Virgen hubiera encontrado una niña más pobrecita que yo, la hubiera elegido”. Enclenque, analfabeta, enfermiza… Lo tenía todo… y por eso fue elegida para transmitir un mensaje extraordinario, que ella comunicó con fidelidad. No en vano hablamos de SANTA Bernadette. La ruta por las huellas de esta pequeña gran santa concluyó en la iglesia parroquial donde fue bautizada, ante cuya pila bautismal renovamos nuestro bautismo, pues de allí brota todo lo que estamos llamados a vivir. 





La tarde llegó, y con ella un chaparrón pirenáico de aúpa. La lluvia trastocó los planes. Calados nos refugiamos bajo una carpa, donde empezamos a bailar mientras esperábamos al resto de compañeros. Fue el turno de los grandes clásicos: “cuando un cristiano baila, baila, baila, baila… pies, pies, pies…”; “El León de la tribu de Judá…” A un sacerdote vietnamita le hizo gracia ver a una docena de jóvenes -yo incluido ; )- bailando estos cantos juveniles, y nos grabó. Luego continuamos con juegos de campamento hasta que escampó un poco y pudimos regresar al albergue y cambiarnos. ¡Qué bueno que la lluvia sea una excusa para sacar al niño que llevamos en nosotros! ¡Qué bueno que podamos vivir los cambios de planes sin acritud y con alegría!



Con esa lluvia ya no era posible participar en el Rosario de antorchas, ni recibir el escapulario ante la gruta… Así que lo recibimos ante el Santísimo Sacramento. La Provi nos regaló una Hora Santa, sesenta minutos ante Cristo Eucaristía, en la pequeña capilla del albergue. Hablamos con el Señor, y le miramos con los ojos de María mientras rezábamos el rosario. Al terminar, dos jóvenes -Estefanía y Michael- realizaron su consagración a la Virgen según la fórmula de san Luis María Griñón de Montfort -la esclavitud mariana de la que procede el “Totus Tuus” de san Juan Pablo II-. Luego, todos los peregrinos quisieron acercarse a recibir el santo escapulario, esa prenda de María con la que queremos revestirnos de Cristo. En fin, regalo tras regalo. La noche concluyó con una ronda preciosa de testimonios, en la que descubrimos que el Señor y su Madre actúan mucho más de lo que los ojos ven. Un brindis con un rico licor francés recién regalado (nota: una botella para 19 no provoca ningún efecto nocivo ; ) dio por concluida la intensa jornada… casi. A esa hora -medianoche- una decena de peregrinos decidieron terminar el día ante la gruta mojada de la Virgen, donde pudieron despedirse de la Virgen, y contemplar en directo cómo un muchacho pedía matrimonio a su novia, con absoluto éxito de crítica y público : )



El sábado 27 nos tocaba despedirnos de Lourdes. Laudes y Misa -con el evangelio del trigo y la cizaña, para que no creamos que ya todo está hecho- pusieron el motor a la jornada. Después, un rato para hacer alguna compra de recuerdos y una última oración ante la gruta, y salimos hacia nuestro penúltimo destino: San Sebastián. Las lluvias de Lourdes nos siguieron hasta Guipuzcua, pero en Euskadi todo es más, por lo que nos llovió a raudales. La tarde se nos fue en encontrar el albergue en el bello pueblo de Fuenterrabía, alojarnos y rezar juntos el Rosario. Y después una cena especial: el Burger. Lo normal hubiera sido comer de la buena gastronomía vasca, pero el presupuesto sólo daba para una sencilla hamburguesa. Nuestra presencia en el establecimiento tuvo su punto culminante cuando cantamos el cumpleaños feliz… aunque nadie del grupo cumplía años. Pero la niña de al lado sí, y le hizo mucha ilusión. Ponerme la corona del “king” junto a mi compañero sacerdote y a Dani el seminarista de la perenne sonrisa fue divertido. Ver la cara de Nico al llevarle la corona para felicitarle con 20 días de adelanto su 18 cumpleaños, también. Dos horas estuvimos charlando plácidamente… No se necesita mucho más para disfrutar. 



El domingo 28 la peregrinación llegaba a su fin, pero el Señor aún tenía regalos para nosotros. El primero fue arreglar la ventanilla del coche, rota la lluviosa tarde anterior. Era domingo, por lo que encontrar un taller no era fácil, al menos a priori. En la estación de servicio donde paramos a repostar la Hermana preguntó por un taller, y providencialmente estábamos al lado de uno y el dueño había venido esa mañana a hacer un arreglo particular. Nos acercamos y encontramos al mecánico. Le expusimos la situación y en seguida se puso a socorrernos. Con pericia subió la ventanilla y la encajó para que no se bajase. La selló y puso un mecanismo para evitar que accionásemos el botón de bajada. Todo ello entre bromas de si se llamaba Patxi, Joseba o Koldo -en realidad su nombre era Juan y procedía de Francia- y recibiendo la visita del pastor protestante Paul, que en la nave contigua al taller se disponía a realizar los cantos dominicales con su comunidad. Al terminar quise pagar al buen mecánico y me dijo que no, que lo dejaba para cobrarlo en el Cielo. Sin comentarios. 



Esta peripecia no nos hizo llegar tarde (esto sí que es un milagro) a la cita con el obispo de san Sebastián, Monseñor José Ignacio Munilla, con quien habíamos quedado para tener un coloquio antes de la Misa en la catedral. D. José Ignacio tiene el don de explicar la fe con claridad, directamente, haciendo que se entienda; y a la vez, haciéndola enormemente atractiva. Así lo vive también él. Adjunto al final de esta crónica las notas que tomé de su intervención, porque creo que valen mucho la pena. Sólo puedo decir que magistralmente respondió a las preguntas que le hicieron, y que tuvo la habilidad de dar luz sobre muchos temas que a este grupo de jóvenes le inquietan, y con los que han luchado durante la peregrinación. Se nota que el Espíritu trabaja, y le inspiró al obispo las claves que necesitaban nuestros jóvenes. El coloquio nos llevó a la Misa de 13.00 en la Catedral del Buen Pastor, donde presidió el P. Álvaro Piñero justo un mes después de recibir la ordenación sacerdotal, y donde disfruté enormemente predicando todo esto que he puesto en esta crónica, y hablando como Patxi y Joseba en algún momento. Imaginaos las caras de la asamblea. Pero no pasa nada porque no me tendrán que volver a sufrir en muchos años. 



Las hermanas de la Fraternidad Seglar en el Corazón de Cristo, instituto de vida apostólica-consagrada nacido en Getafe y con presencia en San Sebastián, nos prepararon una comida de aúpa, y Monseñor Munilla se despidió regalándonos su libro “Dios te quiere feliz”. En fin… Bendición tras bendición. 




La tarde del domingo la pasamos en la carretera, rumbo a Ciempozuelos. Originalmente teníamos el deseo de pasar por el convento de La Aguilera, pero en su momento vimos que los horarios no nos iban a cuadrar… Así que lo tenemos pendiente. Después de 6 horas en la carretera, con nuestros cantos, rezos, mareos y paradas forzadas incluidas, llegamos a Ciempozuelos, muy cansados y más contentos. Sabiendo que el Señor ha estado grande con nosotros, y que por eso estamos muy alegres. Y con el deseo de que todo lo recibido y sembrado -que ha sido mucho- dé fruto, y fruto en abundancia, para que podamos ser reflejo de esa “la más hermosa juventud de este mundo”, que es Cristo. Y para que muchos, ojalá todos, los jóvenes con quien nos crucemos, les podamos acercar a Él, que vive y reina para siempre, en la gloria, que ha venido a compartir con nosotros. 

Evidentemente se me quedan en el tintero muchos momentos, anécdotas y regalos del Señor. Cla-cla-cla-ro que me gustaría compartirlos, pero hay que poner el punto y final en algún momento. Hasta la próxima aventura que nos regale el Señor. Amén.


ANEXO

Notas tomadas a "vuelatecla" del coloquio con Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián. 





  • Importancia de los ambientes, amigos, que tiren de mí para arriba. 
  • El estímulo de las vocaciones de otros: matrimonios, religiosas...
  • El evangelio de Jesús es para todos. 
  • Que Jesús sea el corazón de mi vida.
  • La fidelidad es la debilidad bien acompañada. ¿Tú estás bien acompañado? No sé si es lo más importante, pero sí lo más urgente. 
  • Un ambiente que tire de mí para arriba. 
  • “En tiempos de turbación no hacer mudanza”
  • En el camino de Santiago todos tuvieron un mal día, pero por turnos. 
  • Éste está muy formado. Me tengo q formar tan bien como él. 
  • Aprender a rezar. 
  • Gente sacrificada. Gente que no se queja, que siempre sirve a los demás... y yo soy muy cómodo. Necesito aprender a amar en el sacrificio, la renuncia.
  • Distinguir entre lo que quiero y lo que me apetece. 
  • ¿Cuál es la fórmula para saber amar al prójimo? 
  • Difícil amar al otro sin el olvido de sí. Para ponerse en el lugar del otro, preciso morir a sí.
  • El Voluntariado como buscarse a sí mismo. “Apostolado”, alguien me llama y me envía. 
  • El Cielo será el amor hasta el olvido de sí mismo. El infierno es la soledad conmigo mismo para siempre. 
  • El narcisismo, un rasgo de nuestros tiempos. Herida que impide amar a un “tú” diferente de tu “yo”. 
  • “Amarás al prójimo como a ti mismo”, pero más: “como yo os he amado”. Amar con el amor De Dios. Desearles lo mejor: Dios mismo. Intentar acercarle a Dios. 
  • ¿Cómo llevar tus heridas y cruces?
  • Las heridas son difíciles de identificar en solitario. 
  • Confrontación y corrección fraterna. 
  • Mal enfocadas, las cruces me convierten en víctima, en “Kalimero”. Auto-victimismo. 
  • ¿Cómo perdonarse a uno mismo y saber llevar la debilidad?
  • Soberbia sutil el no perdonarse o aceptarse. Le estás diciendo a Dios: “no me has hecho bien”. 
  • Lo nuestro no es inventar el plan de Dios, sino descubrirlo. 
  • En no aceptar un pecado, puede haber un “yo no iba a hacer esto”. Dios te ha querido contando con ello. 
  • Si Dios me ha perdonado, ¿quién soy yo para no perdonarme? Tengo que descubrir qué quiere Dios de mí al pasar por esa miseria. 
  • ¿Quién lleva las riendas de mi vida? 
  • ¿Cómo discernir mi vocación? 
  • Munilla preguntaba a sus compañeros cómo había sido su vocación. Cada historia es única. 
  • En la vida espiritual cuando se avanza todo se integra y unifica, haciendo todo más sencillo.
  • En lo vocacional, lo esencial es DESCUBRIR EL DESEO DE DIOS, no inventarlo. 
  • “Señor, ¿qué quieres de mí?” Lo lógico es preguntarlo con frecuencia y confianza. 
  • Dios no juega al escondite. A quien se lo pregunta con sinceridad, le responde. 
  • Para que esa pregunta y respuesta funcione, necesitamos la santa indiferencia: sin marcar las cartas. 
  • Confiar mucho en el amor que Dios nos tiene, y pedir la santa indiferencia. 
  • En Aquello para lo que Dios te da una gracia -aunque puedas tener resistencia interior- hay Alegría y paz, aunque haya lucha. Es Su sello. 
  • La voluntad de Dios no es “amárgate en esta vida...”, sino “ten vida abundante”. Aunque haya lucha. 
  • ¿Cómo acompañar rectamente?
  • Pedir los dones del Espíritu Santo. El ministerio de la consolación y el acompañamiento. 
  • Dos riesgos: 
  • 1. Ante la gente tan herida, que huyamos de ellos. Son los pobres de Yavhé, hay que estar a su lado. 
  • 2. Acoger los desahogos sin colocarlos y ordenarlos. Es necesario confrontar y corregir, además de escuchar. Saber dosificarlo: si está muy machacado, espera. Decir algo, y después más.
  • Prudencia y discernimiento. Para eso: disponibilidad, paciencia, dones del Espíritu. Ojo! Poner distancia para que no haya apego. 
  • Ser instrumentos del Señor para las otras personas. Para eso, estar desafinado no ayuda. Debo afinar mi vida espiritual.