En mi parroquia hay un señor que pide. No me refiero a los curas, que son señores y también piden. No, me refiero a una persona que pide limosna en la puerta, como sucede en buena parte de las Iglesias. Se llama, curiosamente, Jesús.
Desde que me vio por primera vez hace poco más de dos años capté de inmediato que no le caía bien. Lo confirmé el primer día que me dirigió la palabra -más allá del saludo que intercambiábamos habitualmente-. Con la voz entrecortada -había bebido... más de lo habitual- me dijo: "yo podía haber sido mucho mejor cura que tú. Tanto hablar, tanto hablar..." Me desconcertó. Creo que le dije algo así como "puedes ser mucho mejor que yo; no hace falta que seas cura", pero mi apelación a la común vocación a la santidad no le apaciguó. No llegamos a entendernos aquel día.
Reconozco que me costaba tratarle, también desde el principio. No estoy acostumbrado a provocar en el otro antipatía, más bien al contrario. Y cuando me pasa no sé actuar, me falta sencillez o me sobra orgullo, o ambas cosas. O sea, que así hemos estado, hasta este fin de semana.
La historia en cuestión
Lo que narro a continuación se puede leer en clave de providencia o de coincidencia azarosa. Los que tienen fe, y los que han estudiado metafísica, no suelen apostar por la segunda opción. Lo dejo a gusto del lector; yo ya he optado.
El sábado no tendría que haber estado en mi parroquia. Todo estaba bien pactado: mi párroco se encargaba de todo -y todo era mucho: Misa, Bautizos, Misa, Bautizos, confesiones...- y yo celebraba la Eucaristía matinal y me iba al encuentro programado con amigos de la universidad. Celebrábamos que hace 15 años -más o menos- que nos conocemos; y además lo hacíamos en casa de una amiga que ha sufrido mucho en los últimos meses, pero que ha vencido, y que sigue venciendo. Muchos motivos de alegría, muchas razones para asistir.
Pero... por cuestiones que no vienen al caso -de fuerza mayor- mi párroco debe ausentarse el fin de semana, y entonces el "todo" me toca a mí, y la celebración de amigos hay que vivirla "en espíritu y en verdad", pero a distancia. Y nos disponemos a ello.
Después de la Misa de 9.30 y de los bautizos del mediodía me toca preparar una Eucaristía singular, de las poco habituales. Un grupo de ecuatorianos pidió ofrecer una Misa en acción de gracias, y mi párroco la puso a las... dos de la tarde. Pero siguen las sorpresas: el grupo que encarga la Misa se llama "Amigos por siempre" y lo hace porque quieren celebrar el aniversario de su fundación. Vaya, qué cosas. Pero hay más; les pregunto que cuánto hace que se conocen. Respuesta: "más o menos, quince años". Vaya, pues qué cosas.
Y empieza la Misa
Casi 400 ecuatorianos llenan los bancos. Entran en procesión. En la homilía les hablo de la amistad, y del Amigo que no falla, y de la Madre del Amigo. En el ofertorio acercan al Altar pan y vino, unas hermosas flores y un voluminoso cesto de frutas. "Esto es para usted padresito (sic)". Termina la celebración, mutuamente agradecidos. Recojo las cosas, limpio la cera que se ha caído al suelo, barro y miro la cesta. Son casi las 16.00. "Hoy comemos fruta". ¿Qué hacer con toda la que sobrará? Ya veremos.
La fruta
Rezo, descanso -sin mezclar- y a por la segunda tanda de bautismos. Igual que en la mañana, se portan bien, disfrutamos del Sacramento, aunque no me extiendo mucho. Debo salir con diligencia hacia el Tanatorio a enterrar a una persona. El párroco no podía planear esto... Y a la vuelta del cementerio, me encuentro con Jesús, el señor que pide. Y sin pensarlo mucho, al pasar delante de él, me viene a la cabeza el cesto regalado, y le digo: "me han regalado fruta, ¿te viene bien?" Noto sorpresa, pero responde rápido: "sí". "Vale, ahora te la bajo". Entonces le preparo dos bolsas con plátanos, uvas, nectarinas, melón, peras, manzanas... dos señoras bolsas. Y se las bajo. Le digo que las lave, y vuelvo al templo, a seguir la faena. No pienso más en ello: él pasa necesidad y a mí me sobra fruta. No ha habido mucha generosidad, más bien mutua conveniencia. Así lo dejo.
Los frutos
El domingo ha sido espléndido. En mi parroquia las Misas siempre están llenas -tampoco caben tantos-, la gente canta, responde con fuerza. Vamos, que rezan, y eso ayuda al que preside. Entre Eucaristía y Eucaristía, varias confesiones, muchos saludos, algún ofrecimiento para el curso que empieza... y por la tarde, los frutos.
Empieza a llover, y Jesús, el señor que pide, se siente con confianza y entra en el despacho parroquial. Estoy hablando con un compañero sacerdote; Jesús pregunta: "¿puedo pedir en el soportal? Es que está lloviendo" Le noto algo emocionado. Le digo que sí, que habitualmente mejor en la puerta, pero que cuando llueva, que se resguarde. Termino la conversación con el sacerdote, y me voy disparado para celebrar la Misa. Y a los cinco minutos, entra Jesús, el que pide, y se pone al fondo de la asamblea. Le veo y me sorprendo. Nunca le había visto dentro. Continúo: proclamo, predico, consagro y al dar la Comunión, allí veo a Jesús que viene a recibir a su Tocayo. Por la mente se me cruza un pensamiento "cuánto hará que no se confiesa..." Le doy la Comunión. Se nota -por cómo la recibe- su falta de costumbre. Pido por él y concluyo la Misa.
Al terminar se acercan a algunos fieles a la sacristía; quieren preguntar cosas, encargar Misas, hacer alguna consulta... Estoy a punto de cerrar, ha sido un finde completito. Pero aún queda algo. Marcelino, el típico marido bueno que acompaña a la típica mujer buenísima de la parroquia -en este caso, Jacinta- y que siempre la espera sin entrar en Misa, me saluda y me dice: "Jesús me ha estado contando que le diste fruta". Asiento y continúa: "lo ha agradecido mucho. Y además hoy se ha confesado con el cura que estaba hablando contigo. Me ha dicho que hacía muchos años..." Y yo he sonreído.
A veces el Señor te muestra pequeños relámpagos que cruzan grandes oscuridades. A veces te hace salir al encuentro del prójimo, casi sin darte cuenta, sin buscarlo. Y rompe barreras absurdas, pero reales. Le doy gracias por haber sacado estos frutos de esa fruta, y que duren. Le doy gracias por haber aceptado el pequeño sacrificio de no estar con mis amigos, para estar con otros, con los Suyos. Y que siga sacando frutos, entre los míos, y entre los vuestros.
domingo, 23 de septiembre de 2012
miércoles, 29 de agosto de 2012
PLUMAS AL VIENTO
Esta historia -verídica- me la contaron cuando cursaba la carrera de Teología, y ayer pensé que sería bueno que la conozcan los licenciados, estudiantes, becarios y profesionales del periodismo. Paso a narrarla.
Un hombre se acercó al sacerdote Felipe Neri para acusarse de un pecado. Había criticado injustamente a un joven delante de varias personas en su puesto de trabajo. En seguida se esparcieron los comentarios, aquí y allá, y el joven experimentó rápidamente cómo las personas cambiaban el modo de tratarle, le evitaban, y le miraban con sospecha.
El sacerdote le mandó lo siguiente: le hizo tomar una gallina, e irle quitando las plumas y tirarlas conforme caminaba por la ciudad. Al cabo de un par de horas regresó el hombre con la misión cumplida. Entonces el P. Felipe completó la instrucción: “ahora debes volver por tus pasos y recogerlas todas”. El hombre se quedó confundido, y respondió que era imposible, dado que el viento habría esparcido las plumas por lugares insospechados e inaccesibles. “Eso mismo ha ocurrido con tus críticas. En estos casos es imposible reparar del todo”.
Elegir una foto de un sacerdote español -de cara, primer plano- que ilustre una noticia relacionada con la pederastia acontecida en la Iglesia en Bélgica tiene poca justificación periodística. El pie de foto no deja lugar a dudas del error comunicativo: “los curas belgas recibirán formación”. No soy belga, y la imagen no tiene relación alguna con la formación. Estoy celebrando la Misa.
Esa foto, desde el punto de vista de la comunicación, no debería haber sido publicada allí.
Desde el punto de vista de la ética, de la prudencia, de la honestidad, qué decir. Mezclar la imagen de una persona con temas como estos... ¿Qué podían haber pensado los padres de los 150 niños que llevan a sus hijos a catequesis en mi parroquia si hubieran visto la noticia? “Si aparece aquí, algo tendrá que ver”. Son alguna de esas plumas que no sabemos dónde han caído.
Otras sí lo sé. Han caído en mi familia y han provocado un disgusto grande. A una madre, a un padre, a una abuela, hay ciertas cosas que les duele más cuando le pasa a sus hijos o nietos que a ellos mismos.
Respecto a Antena 3, debo decir que en marzo pedí que se quitaran las imágenes de mi Primera Misa del reportaje sobre la mala inversión de algunas instituciones católicas en Nueva Rumasa. La relación de mi persona con esa cuestión es nula. Antena 3 ni siquiera respondió a mi petición. De hecho, el reportaje sigue en la web. Quizá sería un buen gesto por parte de la cadena quitarlo.
Confío en que de esta desagradable situación saquemos algo bueno. Yo, mucho apoyo de mucha gente. El periodista responsable, una lección profesional para toda su vida. Espero.
Por experiencia vital, por convicción y por fe, confío en las personas, creo en el perdón y deseo mantener con todos las mejores relaciones posibles. No he tenido ni tendré “listas negras”, personas “no gratas”. Deseo que ejerzan su profesión lo mejor posible, y que vivan su vocación comunicativa como un servicio a la verdad y al bien común. Y para ello, cuenten conmigo, con mi oración e incluso con mi colaboración. Pero, por favor, hagan que podamos confiar en ustedes.
P. Julián Lozano
Pd Carta enviada a los periodistas responsables de la publicación de la desafortunada noticia aludida.
jueves, 19 de julio de 2012
MESES DESPUÉS... AINHOA EN CASA
El "meses después" vale tanto para el cautiverio de mi amiga Ainhoa Fernández del Rincón, como para mi ausencia narrativa en este querido pero descuidado "De profundis". El hecho es que las posts del blog cedieron su lugar a las actualizaciones de estado en Facebook, y éstas a los 140 caracteres de Twitter. Como ven, una degeneración del "de profundis" al que aspiraba en un inicio.
Un buen amigo, sacerdote y comunicador, me sugirió que retomara el blog apostando por una actualización semanal, quizá no buscando tanto la profundidad cuanto compartir las maravillas que Dios le hace ver a uno en la vida sacerdotal. Me gustó el consejo y me quedé con la idea. Después vi el "motivador" -no tiene guasa ni ná: http://www.youtube.com/watch?v=bGeowinaO9A&feature=related-
Pero ni por esas fui capaz de reencontrarme con este espacio.
Ha sido esta noche cuando la sonrisa de Ainhoa me ha traído aquí, y aquí os la dejo. Quizá escriba algo sobre ella, y responda a no pocos comentarios torpes e injustos sobre esta cooperante que cree que el amor puede cambiar el mundo. Pero esta noche os dejo su sonrisa, y lo demás ya se verá. Bienvenida Ainhoa. Gracias Señor por traerles sanos y salvos.
Un buen amigo, sacerdote y comunicador, me sugirió que retomara el blog apostando por una actualización semanal, quizá no buscando tanto la profundidad cuanto compartir las maravillas que Dios le hace ver a uno en la vida sacerdotal. Me gustó el consejo y me quedé con la idea. Después vi el "motivador" -no tiene guasa ni ná: http://www.youtube.com/watch?v=bGeowinaO9A&feature=related-
Pero ni por esas fui capaz de reencontrarme con este espacio.
Ha sido esta noche cuando la sonrisa de Ainhoa me ha traído aquí, y aquí os la dejo. Quizá escriba algo sobre ella, y responda a no pocos comentarios torpes e injustos sobre esta cooperante que cree que el amor puede cambiar el mundo. Pero esta noche os dejo su sonrisa, y lo demás ya se verá. Bienvenida Ainhoa. Gracias Señor por traerles sanos y salvos.
miércoles, 25 de enero de 2012
DE POPIELUSZKO Y OTRAS BATALLAS
El próximo viernes 27 de enero estrenan en España "Popieluszko, la libertad está en nosotros" sobre los últimos años de vida del sacerdote polaco que da nombre a la película. Se trata de un testimonio muy realista de cómo los seguidores de Cristo se han enfrentado a las tiranías, desde Nerón hasta Stalin, pasando por tantos, y llegando hasta nuestros tiempos, porque continúan.
El sacerdote polaco fue artífice -junto con miles de laicos y sacerdotes, y alentados por el inolvidable Beato Juan Pablo II- de un resurgir espiritual de su nación, que llevó a una lucha frontal contra la opresión del totalitarismo ateo, una vez vencido el primer enemigo: el miedo.
El miedo atenaza, amedranta, acalla la voz que denuncia la injusticia y acaba apagando hasta la voz interior que ilumina la conciencia. Y nos hace esclavos, del qué dirán, del pensamiento dominante, del qué será de nosotros. "Para ser libres Cristo nos ha liberado" decía a los gálatas san Pablo, cuya conversión celebra hoy toda la Iglesia. Cristo hizo trizas el temor cargando con decisión una Cruz que abría las puertas del Cielo, venciendo al mundo y redimiéndolo. Y un ejército incontable de hombres y mujeres han vencido a lo largo de la Historia la opresión, la maldad, el pecado, con las mismas armas que el nazareno: cargando una cruz y mirando al Cielo. Acérquense al cine si quieren conocer esta conmovedora página de la historia europea, página martirial, página de gloria.
Pero decía Sánchez Albornoz que "la historia hace la libertad, y la libertad, la historia". Así que, además de aprender de nuestros antecesores, debemos hacer nuestra su lucha, y librarla en nuestros días. Y campos de batalla no nos faltan. Les comento un par de ellos.
En EE.UU. el presidente Obama ha decidido incluir como servicios sanitarios elementales la esterilización, la anticoncepción y el aborto -¡qué bellísima persona, ¿no creen?!-. (http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=20235) Esto ya esta feo, pero no ha quedado aquí la cosa. Con la misma ley, obliga a todas las instituciones que proporcionen servicios sanitarios -incluidos los numerosísimos hospitales y centros médicos propiedad de la Iglesia católica en aquel país- a que presten tales "servicios". La alternativa a esta ley es simple: cerrar los establecimientos, y dejar al 17% de los norteamericanos que actualmente acuden a los centros católicos sin atención médica. El presidente de los obispos de USA ha dicho, a medio camino entre el drama y la perplejidad, que el Sr Obama les ha dado unos meses -hasta que se implante la Ley- para averiguar cómo violar su conciencia. Y ha recordado -amargamente- que la primera enmienda de la Constitución americana es precisamente la libertad religiosa. Lo malo es que me parece que Obama y sus asesores la conocen, pero no les importa mucho.
Y ahora miremos a España, y cómo está el patio. Creo que ayer en el patio mediático se habló, y mucho, de dos arzobispos: el de Tarragona y el de Valladolid. Del primero porque ha vuelto a manifestar la visión de la Iglesia sobre la homosexualidad. Seguro que Chesterton tiene alguna frase genial para explicar esta situación, pero no me la sé. Lo que sí sé es que el diagnóstico es grave cuando en una sociedad no se es capaz de distinguir lo que es normal de lo que no, lo que está ordenado hacia su fin, y lo que desordenado pierde de vista su finalidad. Delicada y grave es la misión de la Iglesia: seguir proponiendo una mirada verdadera del ser humano, de su trascendencia y su sexualidad, por amor, y arrostrar el empuje y la descalificación del pensamiento único. Iglesia, se lo que eres, mantente fiel.
La osadía del arzobispo de Valladolid ha sido otra: comentar que no parece muy coherente que una persona que no vive conforme a la fe y a la moral católica -la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría- haya sido designada para pronunciar el pregón de Semana Santa, que además tiene lugar en la Catedral. ¡Pero qué barbaridad! ¿Cómo se le ocurre semejante atrevimiento? Políticos y comentaristas han salido en defensa de la portavoz del gobierno, y atacando la intolerancia de la Jerarquía. Si el Pastor y responsable último de la Iglesia en Valladolid no puede valorar quién dirige la apertura de la fiesta cristiana por antonomasia, ¿qué podemos decir los cristianos?
La libertad está en nosotros, reza el subtítulo de la cinta sobre Popieluszko. Pero nos la tenemos que ganar. Hay que dejar a Cristo que desintegre las cadenas que quieren colocarnos en el corazón, para poder sentir con Él y con la Iglesia; en los labios, para poder proclamar a los cuatro vientos la verdad sobre Dios y sobre el hombre, que le hace plenamente tal, aunque algunos prefieran permanecer en la tiniebla. Es hora de librar esa batalla, primero la interior y seguidamente en todo el mundo. Porque además estamos seguros de la victoria, nos la alcanzó Jesucristo.
viernes, 23 de diciembre de 2011
ES DIOS, Y SE PARECE A TI
“¡Un Dios que se transforma en hombre! ¡Qué idiotez! No veo qué podría tentarle de nuestra condición humana. Los dioses viven en el cielo, completamente ocupados en gozar de ellos mismos. Y si les diera por descender entre nosotros, lo harían bajo alguna forma brillante y fugaz, como una nube púrpura o un relámpago. ¿Se cambiaría un Dios en hombre?” Es la pregunta de Barioná, el protagonista de la obra de teatro navideña que escribió Jean-Paul Sartre en 1940. Y es una cuestión que conviene plantearse. Negarle a Dios la posibilidad de hacerse criatura es poco serio, pues supone admitir que sólo es factible aquello que uno es capaz de concebir, o de realizar. Pero si Dios es Dios, convendríamos en que Él podría hacerlo. La pregunta crucial sería entonces: ¿Para qué? ¿Para qué la primera Navidad, para qué la nuestra, y las que vendrán?
San Ireneo, hablando del Bautismo del Señor, iluminó en buena medida este misterio. Aseguraba el santo obispo de Lyon que el Espíritu había ungido la carne de Jesús para que Dios se acostumbrara a habitar en la criatura, y para que ésta fuera siendo –poco a poco- divinizada. Es decir, Dios toma lo nuestro para darnos lo suyo. Asume la pequeñez, el crecimiento, el aprendizaje; hace suyos los ideales, pasiones y miserias humanas. Vive en su cuerpo las limitaciones, las padece, pasa por todo lo humano para rescatarlo. Y se une así a todo hombre de todo tiempo y lugar. Porque sabe, como ellos, lo que es reír, lo que es sufrir, lo que es llorar, lo que es amar y lo que es morir. Nadie, nunca, podrá dirigirse al Dios de Jesucristo como a un extraño, porque sabe a la perfección qué es ser hombre; porque tomó nuestra carne, y la tomó en serio. ¿Quieres que te acompañe, que cargue contigo los pesos, que unja tu alma, que traiga a tu vida su cielo?
Tal vez sea esta cercanía inaudita de Dios a cada uno de nosotros lo que haya querido regalarnos en cada Navidad. Las palabras que Sartre pone en labios de la Virgen María en la obra citada nos pueden ayudar a meditarlo: “Este Dios es mi niño. Esta carne divina es mi carne. Está hecha de mí. Tiene mis ojos, y la forma de su boca es la mía. Se parece a mí. Es Dios y se parece a mí”. Es Dios, y se parece a ti.
Alannis Morissette, una solista norteamericana de nuestros días, se preguntaba con un pelín de irreverencia en una de sus canciones “¿y qué si Dios se ha hecho uno de nosotros?” (What if God was one of us?) Para Barioná, el hijo del trueno, la respuesta está clara: “Si un Dios se hubiese hecho hombre por mí, le amaría excluyendo a todos los demás, habría entre Él y yo algo así como un lazo de sangre, y no tendría vida suficiente para mostrarle mi agradecimiento: Barioná no es un ingrato. Pero, ¿qué Dios sería lo suficientemente loco para eso?” El nuestro, el tuyo, Jesús, el Hijo del Padre. Feliz Navidad.
jueves, 3 de noviembre de 2011
EL MÁS ALLÁ REVELADO AL MÁS ACÁ
Pocas realidades suscitan más interés en el ser humano que lo que tiene que ver con la vida de ultratumba. Hemos tenido prueba de ello esta misma semana. La noche del lunes –alentada por el lucro comercial y una fuerte propaganda- fue testigo del desfile de disfraces de moribundos, muertos vivientes y demás imaginario paranormal.
Al día siguiente -Solemnidad de todos los santos- y el miércoles –día de los difuntos- los cementerios españoles se poblaron de hijos, nietos y amigos que acudían a visitar el sepulcro de sus seres queridos fallecidos.

¿Qué podemos decir y saber del más allá los que aún nos encontramos aquí, en el más acá? ¿Qué intuye nuestro corazón respecto a las realidades últimas? ¿Qué nos ha sido revelado desde lo Alto? El Papa Benedicto XVI realizó una espléndida síntesis en su hermosa carta sobre la esperanza, la Spe Salvi. En los últimos números de la misma –del 41 al 48- expone lo que Dios nos ha dado a conocer sobre nuestro destino final, y que ilumina y responde a los más hondos interrogantes humanos. Veamos qué nos dice.
El destino del hombre es la gloria, la vida, la que no acaba. De ahí que la resurrección de Cristo venga a iluminar la realidad más democrática de cuantas existen: que todos afrontaremos, pronto que tarde, el final de nuestra existencia terrena, la muerte. Y tras ella, como decía san Ignacio de Loyola en sus ejercicios espirituales, el juicio, infierno o gloria.

El juicio –señala el Santo Padre- lejos de atemorizarnos debería ser para nosotros los hombres fuente de esperanza. Porque en él se hará justicia. Porque todo lo bueno sembrado en esta tierra recibirá su fruto. Porque todo el sufrimiento acumulado en el haber de la humanidad, recibirá sanación. Será un encuentro con el Dios de la Misericordia que une portentosamente justicia y gracia.
Benedicto recuerda que “la opción de vida del hombre se hace definitiva con la muerte”. Esa opción libre de la persona puede haber sido la de destruir totalmente en sí el deseo de verdad y de amor; son sujetos en los que todo se ha convertido en mentira, que han vivido para el odio. Ellos seguirían eternamente alejados del Amor con mayúscula. Fue su propio veredicto.
Otra opción es la de quienes se han dejado impregnar completamente de Dios, y están por tanto totalmente abiertos al prójimo. Son los santos.
Según nuestra experiencia, afirma el Papa, ni lo uno ni lo otro son el caso normal en la existencia humana. En la gran parte de los hombres podemos suponer que queda –en lo más profundo de su ser- “una última apertura interior a la verdad, al amor, a Dios”. Seguramente en las opciones concretas de la vida esa apertura se ha empañado con nuevos compromisos con el mal: la envidia, el rencor, la avaricia o tantas otras. ¿Qué sucede con esta “suciedad que recubre la pureza?
Aquí entra en juego la noción del purgatorio. En palabras de san Pablo a los corintios, el día del juicio el fuego pondrá a prueba la calidad de cada construcción, de cada vida. Y el fuego purificará lo valioso, y abrasará lo insustancial, la inmundicia. He aquí el dolor de amor con el que puede expresarse este proceso reparador.
Sabiendo esto, continua el Santo Padre, “¿Quién no siente la necesidad de hacer llegar a los propios seres queridos que ya se fueron un signo de bondad, de gratitud, o también de petición de perdón?” Esta interacción es posible “porque nadie vive solo. Nadie peca solo. Nadie se salva solo”. Concluye el Papa diciéndonos que nunca es demasiado tarde para tocar el corazón del otro, y nunca es inútil”.
Con esta esperanza, con el deseo de vivir de tal modo que todos se salven, continuaremos los cristianos –desde el más acá- ofreciendo la Eucaristía, la oración y el sacrificio por los que se fueron, para que gocen en el más allá del Dios de la Vida.
sábado, 8 de octubre de 2011
JESUS PUTS A SONG IN MY HEART
Hay personas que en la vida de uno dejan huella, que marcan, que estampan en el alma ilusiones y ponen en el corazón la fuerza para alcanzarlas. D. Rafael Zornoza es una de ellas. Le conocí en el año 2003. Me pareció un cura diferente. Llegué ante él con mis muletas, fruto de la enésima lesión sufrida jugando al fútbol. En su despacho me colocó un tigre de peluche para que apoyara la pierna dañada. “¿un tigre de peluche?” Vaya un Rector de Seminario tan curioso. Después, en la conversación, me dijo que sabía lo que era arrostrar una escayola; apenas unas semanas atrás le habían quitado la suya del tobillo, que había curado el esguince que se causó haciendo surf. “¿Surf?” Definitivamente era alguien especial.
Le expuse mi enrevesada situación vital: con unas ganas enormes de retomar mi vida donde la había dejado antes de ir al Seminario a Salamanca, me encontraba con una inquietud que no me dejaba tranquilo. Tal vez Dios siguiese empeñado en hacerme sacerdote. Yo le presenté mi forma de ver la situación; él escuchó pacientemente, me recomendó que rezara, y me dijo que le llamara unos días más adelante. El 16 de octubre del 2003 la inquietud se convirtió casi en infarto, y le llamé. Le dije que sí, que veía la necesidad de entrar al Seminario, pero que había cosas imprescindibles que resolver. Rafa, con mucho tacto y visión, me hizo caer en la cuenta de lo importante: si Dios me quería sacerdote, todos los problemas encontrarían solución. Y así fue; de la mano del Rector entraba al Seminario de Getafe.
Me he detenido en este pasaje porque, como comprenderán, para el que esto escribe ha sido decisivo. Soy lo que soy porque en ese momento aposté por Dios. Y uno no puede olvidar a quien te ayuda a construir tu destino, máxime cuando se trata de uno tan hermoso.
A los pocos meses tuve la suerte de heredar el Breviario del Rector. Se trata del libro que rezan a diario los curas, religiosos y seminaristas. Yo no tenía uno, y siempre andaba usando alguno prestado. D. Rafael recibió unos libros de la Liturgia de las Horas –que así se llaman- y decidió donar los suyos. Ante mi carencia, fui uno de los destinatarios. La sorpresa fue encontrar en la funda negra que protege el tomo una curiosa pegatina. En ella, un cerdito sonrosado “decía” alegremente: “Jesus puts a song in my heart”, o sea, “Jesús pone una canción en mi corazón”. Esta decoración estaba muy en consonancia con otra que adornaba la entrada de servicio del Seminario, y que desde el principio me llamó la atención. Se trataba de una imagen de Snoopy revestido con sotana. Un cuadro digno de ver, y también las caras de los visitantes cuando lo descubrían.
De D. Rafael he aprendido que se puede ser fervientemente fiel a Jesús y a su Iglesia, y a la vez un apasionado de la vida, alguien alegre y divertido. Que el sacerdocio es un modo de dar la vida por amor a Dios y a los hombres, y que –como le pasa al Cristo de Javier- se puede morir en la Cruz y sonreír al mismo tiempo. Porque no hay amor más grande que el dar la vida por los amigos.
Y ahora D. Rafael deja la diócesis de Getafe, de la que ha sido Obispo Auxiliar cinco años. Y aunque sé la noticia desde hace un mes, hasta hoy –que he visto los camiones de la mudanza- no he caído en la cuenta de que es verdad, que se marcha. Y han aflorado cientos de recuerdos, los importantes, los divertidos, los valiosos. Y deseo dar gracias a Dios desde este rincón en el que escribo de cuando en cuando por haber puesto en mi vida a un Sacerdote enamorado de Jesucristo. Y le pido que afine y perfeccione la melodía que puso en mi corazón un sacerdote músico, que ahora se dirige a Cádiz y Ceuta a regir como el que sirve. Que Dios le guarde, D. Rafael, y que siga entonando la alegre canción que puso Jesús en interior, y que muchos, a coro, la canten.
Amén.
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